Test práctico: Tamron 16-300mm F/3.5-6.3 Di II VC PZD

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Test práctico: Tamron 16-300mm F/3.5-6.3 Di II VC PZD

Con motivo de un reportaje dedicado a la ascensión del pico más alto de la geografía europea, el monte Elbrouz (5642 m, Rusia), el fotógrafo Anthony Nicolazzi ha cambiado sus dos lentes profesionales 24-70 y 70-200 F/2.8 por un único objetivo: el novísimo Tamron 16-300mm F/3.5-6.3 Di II VC PZD. Objetivo: centrarse en la polivalencia y conseguir un peso mínimo. Relato de esta experiencia vivida en condiciones extremas.

Al inicio

No es la primera vez que hago fotografía a grandes alturas. En 2012 ya estuve en las laderas del Mera Peak (6476 m) y del Island Peak (6189 m) en Nepal, en la región del Everest. Me sorprendió comprobar hasta qué punto mi material Nikon (D800) podía resistir estas condiciones. Con -20 ºC ni el menor problema de disparo, excepto el sonido particularmente seco del obturador (por fortuna sin mayores consecuencias). A comienzos de 2014 tuve la ocasión de experimentar temperaturas aún más bajas: ¡-35 °C, en Quebec! La máquina resistió muy bien, particularmente considerando que se me llegó a helar en la máquina varias veces la piel de los dedos o la punta de la nariz.

Condiciones muy difíciles para toma de imágenes

Poniendo un mínimo de atención al material y a la forma de almacenamiento o uso, las condiciones de alta montaña no presentan problemas particulares para el uso de una máquina de fotos. Al menos con una réflex con baterías de 7,4 V más resistentes al frío que las de litio 3,7 V de compactas, smartphones y/o cámaras outdoor. En cambio el fotógrafo sí que experimenta dificultades. A 5500 m de altitud la presión media es de 500 mm Hg, o sea la mitad de la medida a nivel del mar. Cada gesto y cada paso suponen un esfuerzo notable. Hacer fotografía en estas condiciones no es nada fácil: además de la o las máquinas con todos sus objetivos de rigor, puede ser necesario transportar un pesado trípode, un visor de vídeo, un micrófono... si se quieren rodar secuencias de vídeo.

La solución Tamron: un 16-300mm todo en uno

Ante estos problemas me interesé por la solución propuesta por Tamron, su novísimo 16-300mm F/3.5-6.3 Di II VC PZD. Con apenas 540 g, Tamron me permitía prescindir de dos lentes de aproximadamente un kilo cada una. Ya que en mi reportaje no tenía ningún interés en aprovechar todo mi captador Full Frame, podía fácilmente abordar el uso de esta lente en formato APS-C con una definición de 15,4 Mpx en mi D800, o sea 4800 x 3200 px. La reducida apertura en relación a mis lentes profesionales de F/2.8 no me preocupaba demasiado. En un aparato "full frame" la posibilidad de "subir de ISO" sin generar demasiado ruido adicional es toda una ventaja. Y especialmente, a diferencia de mis lentes habituales, el Tamron 16-300mm F/3.5-6.3 Di II VC PZD viene con un estabilizador de imágenes VC que me puede permitir ganar algunos diafragmas con poca luz. Solo faltaba probar la calidad óptica sobre el terreno.

Amplias posibilidades

Desde mi llegada, me he sorprendido a mí mismo usando todo el rango focal disponible en mi 16-300mm F/3.5-6.3 Di II VC PZD. Normalmente uso sobre todo dos lentes: mi clásica 24-70 F/2,8 y mi gran angular Tamron SP AF 10-24 mm f/3,5-4,5 Di II, en formato APS-C (que sustituyo por un 20 mm F:2,8 focal fija si quiero disparar en formato completo). La mayor parte del tiempo mi 70-200 se queda en la bolsa, no lo saco más que en ocasiones muy concretas. La flexibilidad de tener a mi disposición, de forma permanente, una gama focal suplementaria de 70 a 300 mm (o sea 105-450 mm equivalente en APS-C) me ha parecido un primer punto fuerte. Incluso diría que muy fuerte. Con una focal que varía entre 24 y 450 mm (equivalente a formato completo), no tenía que cambiar de objetivo (excepto en casos muy contados). Y descubría además nuevas posibilidades de encuadre con focales altas.

Llegada al campo base

El campo base del monte Elbrouz se sitúa a 3750 m de altitud, al pie del inmenso glaciar que cubre todo este antiguo volcán. Las posibilidades de avanzar por el terreno son bastante limitadas: rápidamente resulta mejor avanzar encordado para mayor seguridad, dadas las numerosas grietas ocultas bajo la nieve de final de temporada. Por consiguiente, desplazándome por los cientos de metros de bloques de lava sobre los que se ubica el campo base y aprovechando al máximo las capacidades de mi zoom, podía fotografiar el lugar y su entorno en las mejores condiciones posibles. Plano general de la cumbre que emerge entre las nubes, alpinistas en las primeras laderas, retratos de mis compañeros de cordada, detalles de seracs y grietas que forman estrías en el glaciar...

En situación de reportaje

Más allá de lo puramente "alpinístico" de la propia ascensión, mi trabajo en el Elbrouz consistía en fotografiar las actividades de una expedición para la limpieza de los residuos (1) presentes en la montaña, entre el campo base y la cumbre. Como fotógrafo oficial de la expedición debía proporcionar un testimonio visual, en foto y vídeo, de esta misión de carácter ambiental. Por ello estaba al acecho de toda oportunidad que pudiera surgir y en cualquier momento debía estar en condiciones de mostrar una gran capacidad de reacción como fotógrafo. Si me atengo a la pura estadística, la distribución de mis imágenes es bastante homogénea, con un tercio de las fotografías en el rango focal 16-24 mm, un segundo tercio en el rango 24-70 (transestándar) y por último un tercio final en las focales altas (>70 mm).
Para optimizar la acutancia de mis imágenes, he optado en especial por aperturas intermedias, "forzando" dos diafragmas casi sistemáticamente. En gran angular la acutancia es totalmente satisfactoria, con apenas algunas zonas menos definidas en los bordes y esquinas. En las focales intermedias (equiv. 50 mm en 35 mm), la precisión de la imagen es aún muy correcta en todo el campo. El desenfoque del plano de fondo (bokeh) con focales usadas en retrato (entre 50 y 85 mm equiv. 35 mm) necesita una apertura notable (5.6 máximo), y es preferible en este caso retroceder unos pasos (si es posible) para hacer más zoom y aumentar el efecto de desenfoque. Como conclusión, en condiciones de uso del teleobjetivo la acutancia es bastante homogénea en todo el campo.

El estabilizador de imágenes de Tamron

Tamron propone un estabilizador de imágenes en su zoom profesional transestándar (SP 24-70mm F/2.8 Di VC USD), a diferencia de Nikon. Todo ello por un precio muy competitivo, esta lente me ha llamado la atención desde el comienzo. En cuanto a confort, la presencia de una estabilización es una verdadera revolución para el fotógrafo, ya que permite desde ahora olvidar la norma sacrosanta de que "para evitar un desenfoque por movimiento, la velocidad debe ser superior a la inversa de la focal utilizada". ¡Durante esta estancia en el Cáucaso, me he visto obligado a fotografiar a pulso con 300 mm en posición macro, con un tiempo de disparo de 1/60e! ¡Y todo para una imagen perfectamente nítida que habría necesitado sin estabilizador de imágenes un tiempo de pose mínimo de 1/250e o 1/500e, o sea 3 IL de más! Pese a todo y considerando las condiciones de fortísima luminosidad (sol, glaciar...) que imperaban en mi zona de alta montaña, la mayor parte de mis imágenes se ha realizado con tiempos de pose muy cortos, superiores a 1/1000es. En modo vídeo la estabilización me ha permitido igualmente prescindir con frecuencia del trípode y conseguir bonitas imágenes de reportajes en vivo. ¡Viva el estabilizador de imágenes VC!

Conclusiones

El Tamron 16-300mm F/3.5-6.3 Di II VC PZD es una lente muy buena, increíblemente polivalente y muy agradable de usar. La calidad de las imágenes es excelente, sobre todo considerando su peso y dimensiones. Para viajes se puede perfectamente contar solo con esta lente. Para los que tengan aparatos en formato APS-C, es una opción excelente si se quiere pasar de un verdadero gran angular (16 mm) a un modo teleobjetivo (300 mm) en situaciones donde el peso/dimensiones son primordiales. Para los viajeros es sin lugar a dudas un "must have".

A propósito del autor

Periodista fotógrafo especializado en temas de montaña y naturaleza desde hace unos veinte años, Anthony Nicolazzi trabaja habitualmente por todo el mundo: Himalaya, Andes, Asia Central, regiones circumpolares, Alpes… Colabora de forma regular con Trek Magazine, Grands reportages o Montagnes magazine. Ha publicado numerosas obras en diferentes editores y ha sido galardonado en 2011 con el premio de montaña Phillippe Revil por su reportaje "Belledonne, l'échappée sauvage".

Ver la ficha del Tamron 16-300 mm:
http://www.tamron.eu/es/objetivos/16-300mm-f35-63-di-ii-vc-pzd/

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